Así lo creo a veces. No es este sistema el que nos humilla, el que creemos que nos maltrata. Y no lo es porque este sistema no nació de sí mismo, tampoco fué engendrado ni creado sino inventado por la capacidad según del hombre para hacer daño; fue una invención nuestra, de nosotros los humanos para control y sometimiento de nosotros mismos por nosotros mismos y es, precisamente esto, lo que me inspira esperanza. Por lo tanto no es una cuestión de destrucción, de destruir lo que está construído sino de volver a reconstruir el pensamiento primero y propio que nos llevó a esto porque de ahí partió todo.
Es cuestión, también, de “regeneración”, de regenerar y regenerarnos íntima, humana e interiormente; descubrir y descubrirnos ante nosotros mismos, ante nuestra maldad y capacidad innata de destrucción que se diría casi natural y humana.
Nos queda por hacer todo, pero principalmente nos queda llegar a descubrir y comprender hasta dónde somos capaces de llegar antes de descubrir que no somos nada en el espacio infinito que habitamos salvo, a veces o la mayoría de las veces, un gran estorbo para nosotros mismos.
No es el sistema el que nos humilla y nos maltrata, no. Somos nosotros, seres imperfectos en un mundo perfecto, quienes vejamos al sistema, quienes lo humillamos o a lo que hemos creado: a nosotros mismos.
|